TIENTA
 

   En unos momentos en que nuestra asistencia como aficionados a las plazas de toros nos depara más momentos de tristeza y desengaños que de alegrías, siempre podemos encontrar en el mundo fascinante que rodea al toro bravo momentos repletos de autenticidad y belleza y uno de ellos es sin duda el acto de la Tienta.

    Es una de las fiestas más serias e interesantes que se pueden ver y que continúan celebrándose de igual manera que se hacía antaño. Pero más auténtica y peculiar todavía si cabe se puede ver, si se tiene la suerte de ser invitado a una de las 6 ó 7 que anualmente se celebran en Comeuñas, donde es el propio ganadero el que monta al caballo, se calza la mona y hace las veces de picador.

    Tiene la placita de tientas de Comeuñas un sabor añejo, con un frondoso acebuche que da sombra en los calurosos días al palquillo donde se sitúan los miembros de la familia ganadera, para apoyar con sus insinuaciones y consejos a Fernando, convertido por unas horas en un avezado picador.

    Fiesta con una belleza difícil de narrar ya que subyace en ella la seriedad y tensión de la organización de los actos previos y el silencio posterior, roto tan sólo por las voces de ganadero llamando la atención de la erala.

    Con Fernando como varilarguero, situado a contraquerencia y después de que la erala es recibida tras su aparición en el ruedo por el torero, comienza lo que será el momento crucial de la tienta: el tercio de varas que se realiza con una puya más pequeña de lo habitual (ver foto).

    En el transcurso de las 5 ó 6 veces que acude al caballo y desde tan variadas distancias como el ganadero juzgue conveniente, se observa en la erala su atención, fijeza, prontitud, movilidad, codicia, repetición y si escarba en los momentos de espera, lo cual puede ser signo de mansedumbre. Comportamientos todos ellos fundamentales que transmitirá posteriormente a su descendencia.

    Durante el muleteo se pone de manifiesto la forma de desplazamiento, rectitud de embestida, si humilla o si se entrega al seguir los engaños o por lo contrario calamochea cuando el torero le pone la muleta.

    En todo el desarrollo de la lidia se comprobará su fuerza, coordinación muscular, transmisión y si va a más durante la lidia.

    La valoración acertada de todas estas múltiples y variadas reacciones de la erala permiten conocer al ganadero sus virtudes y defectos y la consiguiente decisión de eliminarla de la ganadería o aceptarla, en cuyo caso pasa a formar parte de la piara de madres de la camada, llamada taurinamente “vacas de vientre”, el verdadero patrimonio de una ganadería.

    Sólo entonces, los afortunados asistentes que han podido disfrutar de tan privado y selecto espectáculo podrán romper el ritual del silencio que debe imperar en una tienta.

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