HERRADERO
 
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    Trigueros  6 septiembre 2010

    Es una suerte el poder ser testigo directo de un herradero “a la antigua. Una jornada campera, alegre y festiva pero muy laboriosa. Alegre porque para el ganadero significa la continuidad de su ganadería, con el inicio de un nuevo ciclo, y laboriosa porque un herradero exige gran experiencia, conocimiento de lo que se lleva entre manos, mucho oficio de todos los hombres que lo llevan a cabo y sobre todo un ritmo perfecto.

    En líneas generales el herradero se hace con el ganado bravo igual que con el manso;  solo que en el primer caso, se debe tener cuidado para que el becerro no aprenda nada, Por eso se arrastra y se sujeta para no dejarlo embestir y que vaya virgen en este aspecto a las plazas de toros.

    Una vez separadas las vacas de sus hijos, los becerros se trasladan a un pequeño corral a través de una manga, donde un hombre debe enlazar al becerro, mediante un lazo, por una pata. Para ello se utiliza un palo, (caña de enlazar) a cuyo extremo se suelta la cuerda con el lazo conveniente para poder coger la pata del becerro. Una vez está enlazado, un hombre tira del extremo de la cuerda hacia la puerta de salida del corral, entonces hacen su aparición: Juan Esteban, amigo del ganadero, de fuerte constitución, que amarra fuertemente las patas a la becerra, tirando hacia fuera y sacanadola del corral donde es recogida por varios hombres. Arrastrado así al becerro, se le puede coger la cabeza y tilarlo al suelo, otro señor, que le sujeta las manos y otro que le agarra el rabo, Jou, el mayoral, con una navaja (que afila cada vez que va a utilizar), para hacerle la señal en la oreja. Inma, la veterinaria, con ojos indagadores, bloc y bolígrafo en mano tomando  notas y más notas y comprobando el color del pelo, pues a veces los becerros nacen con un color y cuando tienen seis o siete meses, pueden cambiarlo.

    Previamente se necesita torcerle la cara de tal forma que los dos pitones incipientes y el hocico den contra el suelo de manera que hombre y animal quedan hechos un bloque inmóvil.

    Los más jóvenes van y vienen con precisión matemática con los hierros en la mano, que media hora antes del herradero ya se veían arder, entregándolos a los ganaderos, padre e hijo que se encargaban de marcarlos. 

    Nos comentaba D. Fernando que los hierros deben estar calientes pero no enrojecidos, para evitar producir llamas que quemarían demasiado la piel, siendo aconsejable apretar pero no con exceso, al objeto de no cortarle nunca la piel y solo quemarla.

    También era curioso ver un señor, con un cubo bastante pringoso, lleno de un potingue compuesto de un batido de aceite de oliva usado y corcho quemado, con un gran pincel embadurnando las quemaduras producidas por los hierros. Me aseguran que es un desinfectante muy efectivo….Hummm...
 
    Herrada, desinfectada y señalada en las orejas con la muesca de la casa, se procede a la suelta de la becerra, actividad que exige también su arte: Primero se le sueltan las manos e inmediatamente después las patas, quedando un hombre echado sobre la cabeza vuelta. El vaquero tiene puesto el pie sobre los costillares del animal, y otra persona lo agarra de la cola de modo que cuando se levante pueda girar al becerro para encararlo hacia la puerta por donde ha de salir.

    Fueron 53 las hembras que se herraron en un tiempo record, según consideramos los neófitos en la materia, pues al mediodía ya estábamos saciando nuestro apetito compartiendo mesa y mantel con todos los participantes del herradero y disfrutando de una sabrosísima caldereta aderezada con el relato de las vivencias que tan inigualable día nos había aportado.

    Cuando nos despedíamos caía todavía un sol implacable sobre Comeuñas, que quemaba la tierra pero no quemará el recuerdo inolvidable de esta aventura que para tres de los allí, invitados, presenciamos por primera vez: Gilberto, cámara en ristre, para darles luego una muestra grafica de lo allí acontecido, Rubén Ramírez procedente del pueblo valenciano de Meliana, mantenedor de la página web www.campobravo.es, que en leal competencia fotográfica con Gilberto saltaba como una liebre de muro en muro para conseguir escenas tomadas desde ángulos inverosímiles que le servirán para, según nos adelantó, ilustrar un libro sobre “El mayoral José y la Ganadería Cuadri” y por último quien escribe estas líneas.

    Sincera gratitud ganaderos Fernando y Tino por darnos acceso a esa parcela intima donde habita el Toro, señor de los campos, y poder ser testigos de trabajos camperos tan desconocidos para el gran publico y que no se pueden ver pagando una barrera o una andanada. ¡¡¡Muchas gracias!!!

    I.F.B.

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